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En busca de los cuatro carroñeros ( primera parte)



Nos dirigimos a la Pobla De Segur buscando disfrutar de los buitres, A Mario Cea le habían autorizado a acceder al hide instalado en el muladar de Boumort y sin pensárnoslo dos veces Manuel Estébanez y Tomás Crespo aceptamos la invitación para acompañarle. Sabemos que pocas veces se presenta la opción de poder disfrutar de la visión de los quebrantas pero muchas menos de los cuatro carroñeros en libertad, por lo que esta oportunidad no se podía dejar escapar.

La suerte parece querer acompañarnos, el día "Q" amanece despejado. Marc uno de los guardas de la reserva nos acerca al hide de Boumort, por una sinuosa pista, y en el trayecto nos pone al día del proyecto de alimentación del muladar Allí nos presenta a Mario, un hombre que usa todos sus esfuerzos la reintroducción y estabilización de una colonia de buitre negro en estas montañas.
Nos introducimos en el escondite y frente a las estrechas ventanucas queda la comida que se ha aportado para la alimentación de los buitres. Afilamos los teleobjetivos esperando a los carroñeros con la mayor de las ilusiones.
Los primeros en llegar son los córvidos, las cornejas y cuervos, saltan de un lado a otro haciéndose con la comida fácil, la que no requiere desgarros para ser engullida.
El suelo se va cubriendo de sombras, estas son de los buitres que nos sobrevuelan. En lo alto de un árbol otros Leonados controlan los movimientos que se producen en el muladar.
Llega la primera avanzadilla, se van acercando los buitres leonados que tímidos guardan las distancias, el suelo se va cubriendo de leonados.
Los buitres siguen llegando escalonados pero sin entrar a la comida, parece que esperan que ocurra algo.
Sin saber el porque, de repente como si alguno de ellos hubiera dado la orden de “al abordaje” se inicia una vorágine agresiva en la que la sangre salta, los buitres no se andan con remilgos, cada cual agarra la comida que puede sin dar tregua, rugidos de buitre, desgarros de comida y sangre que salpica y vísceras que se desmenuzan antes de ir entrando en los buches de los carroñeros.
Una desenfrenada ansia de comer que se prolonga.
Hasta que algunos van saciando su apetito y reposan tomando el solillo.
Detrás de los leonado surgen más recelosos los buitres negros,

estos prefieren dar cuenta de algunos conejos que han dejado esparcidos especialmente pensados para ellos, en esta zona se está haciendo un intento de reintroducción del buitre negro, y por lo que nos cuentan va viento en popa,
vemos a la mayoría de los buitres anillados, y algunos de ellos con marcas alares,


Que bueno son proyectos como este, en el que la administración y organizaciones no gubernamentales se preocupen de estas especies, y que haga estas reintroducciones pensando en el desarrollo de la especie y no buscando el beneficio económico de asociaciones que apoyadas por administraciones públicas solo buscan el enriquecimiento económico personal con la careta de la mejora medioambiental.

El buitre negro es el ave del 2010 esperemos que este enorme ave siga poblando nuestros campos y montañas.

Dos alimoches se posan lejos, más tarde nos dirían que son los primeros alimoches del año que se dejan ver por el comedero, no se pueden ir sin ser afotados.
Los córvidos integrados en la desaparición de la comida se mezclan en el despiece, parece que aparte de alimentarse se divierten incordiando a los carroñeros, cuando no les quitan comida troceada les acercan piezas de carne de difícil apertura para que se las abran, estos si que saben buscarse la vida.

Una de las sombras que desciende es diferente, su cola en cuña y su gran tamaño ya dice que es un nuevo visitante, se entremezcla con los demás carroñeros, pero se lleva todas nuestra atención, a la que sabemos que no es ajeno, ya que su mirada se cruza en muchos momentos con la nuestra, Preferimos esperar, tememos que alce el vuelo, y le dejamos que deguste hasta 5 patitas de cabrito antes de empezar a afotarle, es un quebranta. Pero las fotos de los quebrantas que conseguimos las veremos en la siguiente entrada.