Delfines y pelágicas por el Cantábrico

El día 25 de septiembre amanecimos en Ondarroa, allí conocimos a los propietarios del velero Txo , junto a ellos y dos amigos de Ondarroa, Juankar, Xabi, Mario Bregaña y Tomás Crespo salimos con la intención de ver cetáceos en el Cantábrico









Txo, un maravilloso velero que descansa en Ondarroa


Nada más amanecer partimos mar adentro. El mar estaba en calma y solo una ligera brisa del sur nos acompañaba


La idea era salir hacia mar abierto buscando aves pelágicas y algún cetáceo, aunque la primera sorpresa nos la dio este mosquitero, que se posó en la pasarela del barco e inmortalizó con esta foto Mario, este cansado viajero eligió la popa del barco para descansar unos segundos, antes de continuar su periplo hacia tierra.
Para intentar localizar algún ave nos aproximamos a pesqueros y pequeños barcos que estaban faenando y allí buscábamos gaviotas, se veían sombrías , patiamarillas , reidoras en varios plumajes intentaban localizar algo de comida

La primera sorpresa pelágica fue un págalo grande que se alimentaba de una gaviota muerta.


Primero una foto de Mario y debajo dos más de Xabi
En nuestro recorrido en varias ocasiones pasaron próximos la barco pero sin intención de detenerse algunos charranes patinegros
Entre una balsa de gaviotas pudimos ver un fulmar que flotaba , un ejemplar tranquilo que se dejó acercar con lo que aprovechamos para hacerle alguna foto

Pocos alcatraces vimos surcando el cielo pero ya que pasaban aprovechamos apara afotarlos
Del mismo modo pudimos ver algunas pardelas pudimos identificar balear, sombría y cenicienta
Medusas pasaban cerca del barco y pequeños peces que saltaban fuera del agua, algunos peces vela, luna y bonitos. Animaban la navegación,
Pero la guinda de la salida estaba a punto de aparecer, a lo lejos vimos como unos “peces” saltaban fuera del agua, al principio creíamos que serían bonitos ya que eran muchos y estaban muy alejados.
Pero al acercarnos no tuvimos dudas, eran delfines delfines, y no uno ni dos ni tres sino una manada inmensa.

Enseguida se acercaron, unos se acercaron a nuestro velero, se pusieron a proa jugando a ser tan rápidos como nosotros y otros en cambio de pusieron paralelos al barco, tan cerca que cuando alguno de ellos soltaba el soplo al respirar llegábamos a sentir las gotas que empujaban en su respiración

No teníamos ni tiempo para hablar, solo palabras de admiración y de disfrute ante un espectáculo tan asombroso, especialmente diferente para nosotros los de tierra adentro



Era tal el espectáculo que en muchos momentos dejábamos la cámara y disfrutábamos embobados de las evoluciones de los delfines.
Nadaban tan cerca de la superficie que parecía que buscaban vernos, con lo que ya no sabíamos si eran ellos los que querían vernos tanto como nosotros a ellos.

En muchos documentales habíamos oído el sonido del canto de los delfines y allí pudimos disfrutar de su voz, una experiencia que hay que sentir al menos una vez en la vida y era lo que estábamos haciendo y lo más increíble, lo estábamos disfrutando a pocas millas de nuestra casa.
Entre todos ellos vimos algunos jóvenes delfines

Imaginamos que la causa de una concentración tan grande de delfines era por la cantidad de pececillos que había por la zona, en varias ocasiones parecía si uno de ellos diera la señal, comenzaban a dar saltos y comenzaba un baile de natación sincronizada, un éxtasis extremo era lo que sentíamos todos los que estábamos a bordo del "Txo".


El capitán no recordaba haber visto tantos delfines juntos, la mayoría eran delfines comunes y algunos de ellos los menos eran delfines listados, tampoco tuvimos claro cuantos ejemplares vimos pero creemos que entre 150 y 300.

Poco a poco se fueron alejando de nosotros y entre ellos algunos llegaron a exhibirse acrobáticamente manteniéndose fuera del agua sujetándose con movimientos de cola, otro enseñaban su panza y parecían saludar, o disfrutar de un placentero nadar de espalda
Después de estos momentazos ahora en una nueva salida nos apetece introducirnos unas millas más adentro intentado llegar a divisar otros cetáceos , pero será otra aventura, y quien sabe si la suerte vendrá con nosotros.


Lagopodos alpinos en Pirineos

Pasa el tiempo, ya a pasado mas de un mes desde que nos embarcamos en la aventura de ir a ver alguno de los escasos lagópodos alpinos que quedan en nuestras montañas.
Gracias a nuestro guía Juankar. Tomás, Josemi y yo pudimos conseguir nuestro ansiado sueño, verlas en nuestras montañas.




Con grandes esfuerzos, conseguimos alcanzar la cota donde se mueven estas aves montanas. En este caso por encima de los 2700m.


Juankar y Josemi subiendo el primer escalón, aun faltaba mucho.

Ya llegamos, pero lo que nos queda no tiene desperdicio

Pero cuando llegamos, que sorpresa,
allí estaban dos preciosos lagópodos alpinos, delante nuestro y sin casi aliento por la exigente subida. Nuestras cámaras disparaban sin cesar durante los cortos instantes que duró el encuentro, pero que en ese momento, nos parecieron años.





Después, recorrimos la zona en busca de mas ejemplares, mientras veíamos las pulsatilas de primavera Pulsatilla vernalis floreciendo

En la zona se movían algunos rebecos o sarrios


El cielo se nublaba mientras admirábamos las cumbres lejanas formando un espectáculo visual.




Como el tiempo empeoraba decidimos bajar, pero el camino estaba lleno de pequeñas sorpresas. En un claro del cielo decidimos descansar, y allí estaba el mirlo capiblanco deleitando nuestros ojos.








Perdices blancas ??????


Parece mentira pero subimos casi 3.000 metros para ver unas perdices. Disfruté viendo las perdices, pero disfruté mucho más viendo subir a estos tres monstruos del alpinismo.







Fue un día de pajareo de altura con una sorpresa final, a la noche cerca del refugio pudimos hacer una foto que nos sorprendió a los cuatro. La solución de la foto misteriosa en la siguiente subida, con las fotos de Tomas.


A por las Perdices Blancas y algo más

Cómo pasa el tiempo!!!, hace ya más de un mes, los días 13, 14 y 15 de Mayo, 4 aguerridos excursionistas (Juankar, Tomás, JoseMari, y yo mismo) nos aventuramos en la peregrinación hasta Catalunya en busca de las Perdices Blancas.
Como el viaje es largo, decidimos aprovechar un día más y visitar otras zonas de camino hasta allí. Salimos el jueves a la tarde con intención de cenar ya en el entorno de Belchite y aprovechar la mañana del viernes por la zona. Tenemos que agradecer la ayuda de Manuel Galán Subías (Naturaleza en Quinto) por todas las explicaciones que nos dió, el tiempo que nos dedicó y por acompañarnos por esas tierras que tan bien conoce. La misma noche del jueves, después de cenar nos acompañó a los sotos del Ebro donde pudimos escuchar, ver e incluso fotografiar aunque en condiciones extremas al pequeño
 Autillo (Otus scops)

A la mañana siguiente madrugamos para aprovechar bien la mañana. Con Manuel como guía nos acercamos desde Quinto hasta las estepas de Belchite. El objetivo principal es la Alondra Ricotí (Chersophilus duponti), a la que conseguimos ver aunque a bastante distancia. Luego dedicamos el resto de la mañana a otras aves esteparias,
 Ganta Ortega (Pterocles orientalis)
 Terrera Común (Calandrella brachydactyla)
Terrera Marismeña (Calandrella rufescens)
luego Manuel nos llevó por campos y arrozales que nos permitieron ver aves diferentes como Cigüeñuela (Himantopus himantopus), Correlimos menudo (Calidris minuta), Correlimos Zarapitin (Calidris ferruginea), Tarro Blanco (Tadorna tadorna), Andarríos Bastardo (Tringa glareola), etc.
Triguero (Miliaria calandra)
Antes de comer volvimos a los sotos, donde un Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos) nos dió un recital fuera de la espesura donde se suelen ocultar, y también pudimos ver un macho de Oropéndola (Oriolus oriolus).
 Ruiseñor Común (Luscinia megarhynchos)
Macho de Oropéndola (Oriolus oriolus)
Después de comer, carretera y manta hasta el refugio, donde llegamos al atardecer. El sábado era el día D, aunque estaba anunciado mal tiempo y el peor día de la semana, amanece un día expectacular, totalmente despejado y con una luz impresionante. Poco después de las 9:00 de la mañana ya estamos en la zona de las perdices. Al poco se oyen avisos de que están ahí, una preciosa pareja de Perdiz Nival (Lagopus muta) en plumaje ya de verano se encuenta ante nosotros, empiezan las prisas, los nervios...
Perdiz Nival (Lagopus muta) 
Después de ver esta pareja casi nada mas llegar, el resto de la mañana la pasamos buscando más ejemplares, sin embargo solo Tomás consiguió ver otra pareja. A las 12 empezó a caer algo de granizo, así que nos agrupamos, cogimos algo de fuerza y tiramos para abajo, donde nos entretuvimos con los Mirlos Capiblancos (Turdus torquatus) y dos Cucos (Cuculus canorus).
Mirlo Capiblanco (Turdus torquatus) 
Mientras, el guía después de haber cumplido con su trabajo se daba a la buena vida...

Justo antes de llegar al refugio, para finalizar la excursión con mejor gusto, nos sobrevuela un
Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

El domingo de vuelta intentamos localizar algún Alcaudón Chico en los alrededores de Lleida, pero no hubo suerte. Aún así fue un fin de semana de esos inolvidables, de los que hay que repetir.


ggg